miércoles, 8 de marzo de 2017

UNA BREVE HISTORIA DE LAS MUJERES Y SUS DERECHOS FUNDAMENTALES EN LAS RELACIONES LABORALES

AUTOR: CARLOS HUGO PRECIADO DOMÈNECH (TSJ Cataluña)

Las mujeres han sido y son las grandes olvidadas de la historia. Unas han sido arrancadas de ella, otras permanecen ocultas y otras aún no han sido estudiadas[1]. Por ello mismo, las mujeres también han sido las grandes olvidadas en la historia del Derecho del Trabajo y los derechos fundamentales. A pesar de ser más de la mitad de la población mundial y contribuir con su trabajo al desarrollo social, el patriarcado que ha dominado la organización de las sociedades humanas durante milenios las ha invisibilizado y silenciado  mediante las construcciones de género propias de cada época.
Estas construcciones culturales y sociológicas han pasado, por un lado,  por la asignación social de determinados trabajos, fundamentalmente de cuidado, crianza, tareas del hogar, etc;  y por otro lado,  por la devaluación de tales trabajos, a pesar de que los mismos constituyen pilares imprescindibles para el desarrollo de cualquier sociedad.
Del mismo modo que la regla de VEBLEN[2] comporta la devaluación y minusvaloración del trabajo por parte de las clases ociosas, y la correlativa valoración del ocio y su emulación en el contexto de clases; en el contexto de género dicha regla se impone sobre el trabajo de la mujer, que es sistemáticamente minusvalorado y considerado no rendible económicamente-
Estas construcciones de género han impactado no sólo en su relación con el trabajo, sino también y principalmente en su acceso a la titularidad y disfrute de los derechos fundamentales, -al que se incorporan indefectiblemente de forma más tardía y nunca completa-
Las construcciones de género, como justificantes de la sumisión de la mujer al hombre en las relaciones sociales, han tenido su trasunto jurídico en los distintos sistemas de relaciones de trabajo , plasmándose, primeramente, en la negación del derecho básico y soporte de los demás, la capacidad jurídica, -el derecho a tener derechos- y de forma más tardía en su sumisión a la tutela del marido o atribución de una capacidad de obrar limitada, como medios jurídicos de garantizar su sumisión a los hombres y al rol de género culturalmente impuesto.  

Por tanto, si el enfoque que el Derecho del Trabajo es la lucha por la dignidad en el trabajo o el trabajo decente, en el caso de las mujeres a esa lucha hay que añadir la lucha por su dignidad como personas, que pasa por la igualdad y no discriminación por razón de género, lo que no encontrará reconocimiento a nivel internacional hasta bien entrado el S XX, con dos siglos de retraso respecto de los hombres, y sin que a fecha de hoy haya logrado la completa igualdad. Baste recordar que en pleno siglo XIX, cuna del constitucionalismo y la positivización de los derechos fundamentales, el art.1263 de nuestro CC establecía que "No pueden prestar consentimiento: 1. Los menores no emancipados. 2. Los locos o dementes y los sordomudos que no sepan escribir. 3. Las mujeres casadas, en los casos expresados por la ley" Esta situación de capacidad limitada y sujeta a la autorización marital estará vigente hasta 1972, como denuncia ALZUGARAY[3]. Las mujeres, en consonancia con ello,  fueron consideradas en las primeras leyes laborales como un colectivo vulnerable, como los niños o los discapacitados y, por tanto, susceptibles de la  tutela paternalista del Estado en ese ámbito. 

Daremos ahora unas breves pinceladas de cada uno de los momentos históricos analizados, sin propósito exhaustivo, valiéndonos para ello de los datos que proporciona la historia jurídica[4]
-Antigüedad clásica: en la cultura griega y romana las mujeres carecen de capacidad jurídica y se hallan siempre sujetas a la autoridad de un varón. Así, por ejemplo en Roma, se hallan bajo la patria potestas, de su padre; bajo la manus del marido, o bajo, la dominicata potestas del amo, en el caso de las esclavas. Si la esclavitud fue el medio más común de trabajo por cuenta ajena en la Antigüedad, no es difícil concluir que las condiciones de las  mujeres esclavas eran peores que las de los varones, pues a su sumisión al amo se añadía su sumisión al marido,  y su consideración como objetos del derecho permitía su venta para la prostitución o su explotación mediante la misma, lo que no sería prohibido hasta el período "humanizador" de la esclavitud[5]

La minusvaloración de la mujer en la Antigüedad clásica se deja ver con nitidez en Aristóteles, que influiría en los pensadores romanos y en la patrística de la Iglesia : " Estas dos primeras asociaciones, la del señor y el esclavo, la del esposo y la mujer, son las bases de la familia, y Hesíodo lo ha dicho muy bien en este verso: «La casa, después la mujer y el buey arador...".
La mujer no  gozaba de derecho político alguno:  "El hombre, salvas algunas excepciones contrarias a la naturaleza, es el llamado a mandar más bien que la mujer..."[6];  si bien tenía mayor consideración que los esclavos, pues para el estagirita sólo en tierra de bárbaros "las mujeres y los siervos tienen un mismo grado de honra y dignidad"[7]

-Edad Media: En la Edad Media la mujer sigue supeditada al padre o al marido, y su trabajo minusvalorado. Así, por ejemplo, en el Fuero Juzgo se prohíbe que la mujer reciba contraprestación alguna por su trabajo[8]; y en las Partidas se les prohíbe la realización de oficios "propios de varones"[9]. La mujer casada medieval alcanzó cierta capacidad de disponer, pues heredaba, adquiría las arras en su patrimonio, y el marido no podía disponer de los bienes propios de la mujer sin su consentimiento. Las mujeres son citadas en diversos textos jurídicos de la Edad Media, como el Ordenamiento de Menestrales de 1351 de Valladolid, donde se regula el salario de las amas, lo que revela una primera retribución del trabajo de cuidadora para las mujeres. Así mismo, las fuentes revelan la existencia de trabajo femenino en actividades artesanales, textiles o agrícolas[10]. En general, durante la Edad Media, las mujeres,  carecían de derechos políticos y su capacidad jurídica estaba enormemente limitada.
-Edad Moderna: en la Edad Moderna se incrementa la incorporación de las mujeres al trabajo, tanto en el campo como en la ciudad. Sin embargo, continuaron con la capacidad jurídica limitada y sin derecho público alguno. En los gremios no podían acceder a la condición de aprendiz,  oficial o maestro, por lo que a pesar de trabajar en talleres, estaban excluidas de toda expectativa profesional[11].
En esta etapa destaca la obra pionera de Christine Pisan, "La ciudad de las damas" (1405) a la que comúnmente  la doctrina califica como semilla precursora del  movimiento feminista en Europa y América[12]. Destacan también Marie de Gournay, con su obra "Igualdad de los hombres y las mujeres"[13] o Mary Astell, conocida como la primera feminista inglesa.  

-Edad Contemporánea: Aún contando con tales precedentes, no será hasta el Siglo XVIII en que empiece a gestarse el movimiento feminista. El constitucionalismo burgués era un derecho de hombres y para hombres, del que las mujeres estaban excluidas. El Racionalismo y la Ilustración trajeron, eso sí, nuevos y pintorescos argumentos para arrinconar a la mujer: grado de racionalidad, inteligencia, capacidad de juicio...; atributos que se suponían propios del varón y de los que ellas carecían "por naturaleza". Ejemplos de ello pueden hallarse en Montesquieu "El Espíritu de las Leyes"[14]-; o en " El Emilio" de Rousseau[15]. Dichas construcciones tendrían después su trasunto en los Códigos Civiles, tanto el de Napoleón de 1804, como el español de 1889, sometiendo a la mujer a un régimen de capacidad limitada cuyo origen se hallaba en la naturaleza : debilidad, sensualidad irracionalidad; todo ello dirigido a su sometimiento jurídico al padre o al marido[16].

En general, los pensadores ilustrados despreciaban a la mujer y la tenían por un ser inferior, lo cual se ocupó de criticar y denunciar -entre otras-  Mary Wollstonecraft, madre de Mary Shelley, en su "Vindicación de los Derechos de la Mujer" (1792)[17], en la que incide en la necesidad de una educación igualitaria y gratuita para las mujeres a cargo del Estado, pues  " el objetivo de la educación es conseguir carácter como ser humano, independientemente del sexo al que se pertenezca". En suma, Wollstonecraft predicaba que la emancipación de las mujeres a través de la educación y el propio trabajo.   

De obligada cita resulta Olympe de Gouges, quien redactó la conocida Declaración de Derechos de la Mujer y la Ciudadana, denunciando en su conocido  artículo XVI[18]  el ostracismo político y ciudadano al que se hallaban sometidas las mujeres diciendo:   "...la Constitución es nula si la mayoría de los individuos que componen la Nación (las mujeres) no ha cooperado en su redacción." También en Francia son destacables mujeres que reivindican la igualdad  como Threoringe de Mericourt o Etta Palm d'Aelder, o la española Cecilia Böhl de Faber,  traductora de Wollstonecraft.

-S XIX. Será en el S XIX, el momento en que en un contexto de abolicionismo en EEUU,  cuestión social en Europa y en pleno auge del constitucionalismo, cobren relevancia los primeros movimientos feministas organizados. En este sentido es en Estados Unidos donde se organiza el primer movimiento feminista[19], cuya fundación suele fecharse el 19 de julio de 1848, en la conocida "Declaración de Seneca Falls"[20], convocada por Lucretia Mott y organizada por Elizabeth Cady Stanton. En ella, partiendo de un fundamento religioso y iusnaturalista, se predica -entre otros postulados- que las mujeres por naturaleza persiguen su felicidad, que las leyes que se opongan a ello son contrarias al derecho nacional y que la mujer es igual al hombre porque así lo quiso el "Creador". También se postula el derecho de sufragio femenino, como punta de lanza de la que sería la reivindicación fundamental del feminismo durante el Siglo XIX.  En EEUU tuvo lugar en 1850 en Massachussets la First National Woman's Right Convention .  En la segunda Convención celebrada en Akron,  Ohio, se reveló el conflicto del feminismo burgués incipiente con la abolición de la esclavitud. Fue ahí donde la feminista afroamericana Sojourner Truth pronunció su famoso discurso "¿Acaso no soy una mujer?;  en el que denuncia el paternalismo burgués con las mujeres ...blancas[21].
Como decíamos, el sufragismo va a ser el mayor aglutinante del movimiento feminista, tanto en EEUU como en Gran Bretaña. Así, en 1869 se funda la National Woman Sufrage Association bajo la dirección de Susan B. Anthony. En Gran Bretaña la primera petición por la igualdad se formula en 1847  y se presentó en 1856 al Parlamento, que la rechazó . En 1866 se llevó al Parlamento otra petición a favor del sufragio femenino presentada ante la Cámara de los comunes por John Stuart Mill y Henry Fawcet, y fue también rechazada, creándose entonces la Society for Woman's Suffrage, al que sucedieron un buen número de asociaciones del mismo tipo en Gran Bretaña

El feminismo obrero fue introducido por la socialista utópica Flora Tristán, que reivindicaba el acceso a la educación de la mujer y la unión internacional de trabajadores y mujeres en aras de una revolución pacífica con finalidad emancipadora. En el socialismo científico, en cambio,  la "cuestión femenina", se sometió a la "cuestión social".  Desde esta línea doctrinal e explicó el el patriarcado por la necesidad de perpetuar la propiedad a través de la herencia, basándose para ello  en la institución del  matrimonio monógamo y patriarcal. En este punto cabe destacar la oposición del feminismo marxista al sufragismo, al identificarlo como una causa burguesa y con proyecciones reaccionarias[22]. En el laborismo británico, hay que subrayar, ya en el S XX, a la figura de Emmeline Pankhurst, que funda en 1903 la Women's Social and Political Union, que promueven el sufragio femenino desde la acción directa. Aunque con algunas limitaciones, el sufragio femenino se logra en Gran Bretaña con la Ley de representación del Pueblo de 1918, y se alcanza en condiciones de plena igualdad con los hombres en 1928. En España no llegará el sufragio femenino hasta la Constitución de 1931 (art.36), siendo las primeras mujeres elegidas Clara Campoamor,  Victoria Kent y  Margarita Nelken[23].

En el Siglo XIX aparece la primera legislación paternalista con las mujeres en el ámbito laboral. La primera ley se dicta en 1842 en Gran Bretaña y prohíbe el trabajo subterráneo de las mujeres adultas y de  los menores de 10 años en las mínimas.  En la Ley de 1847 se limita a 10 horas la jornada de jóvenes y mujeres. [24]  Estas leyes de Reino Unido serán el modelo para la legislación paternalista que se dictará en el resto de Europa.

En el S XIX, destaca el sufragismo como reivindicación más conocida del movimiento feminista, sin embargo, no pueden orillarse importantes luchas, aunque con todos los matices que caben en un movimiento tan plural como el feminista . En este sentido, pueden resumirse los grandes temas de reivindicación del Diecinueve como sigue[25]:   la emancipación en la familia: divorcio, autodeterminación del propio cuerpo, anticonceptivos control de natalidad; el derecho a la educación superior; la regulación de la prostitución, la reforma moral de la sociedad, el derecho de sufragio y la independencia económica.
El Siglo XX recoge buena parte de los frutos de la lucha feminista del Diecinueve. El reconocimiento del derecho de sufragio se produce en Nueva Zelanda en 1893, Australia 1902, Finlandia 1906, Noruega 1913, Dinamarca 1915, Uruguay 1917, y entre 1918 y 1920 se reconoce en Alemania, Austria, Holanda, Polonia, Suecia y la URSS[26].

En el constitucionalismo del Siglo XX, la mujer se incorpora como titular de los DDFF. Así en el constitucionalismo de principios de Siglo, se reconocen en la Constitución Weimar el derecho de sufragio de las mujeres (art.17, 20); la igualdad ante la ley (art.109), el acceso al empleo público (art.128). La Constitución española de 9 de diciembre de 1931 regula el derecho al trabajo de las mujeres y a la protección de la maternidad (art.46), la igualdad de derechos en el matrimonio y el divorcio (art.43), el derecho de sufragio (art.36), etcétera.
El constitucionalismo de la segunda posguerra incorpora ya plenamente a las mujeres en la titularidad de los derechos fundamentales en plena igualdad con los hombres y prohibiendo cualquier discriminación por razón de sexo. Así, por ejemplo en el art. 3 Ley fundamental de Bonn; o en  la Constitución italiana de 1947, que prohíbe la discriminación por razón de sexo en su art.3 y  dedica su art. 37 a la mujer trabajadora y sus derechos, en particular la igual remuneración por el mismo trabajo.

Sin embargo, en el Siglo XX lo más destacable es la internacionalización de los derechos de la mujer[27], en general, y de la mujer trabajadora en particular. Este proceso puede resumirse, sin ánimo exhaustivo, diciendo que en la Carta de la ONU ya se afirma la igualdad de derechos de mujeres y hombres y el disfrute de los derechos humanos y libertades fundamentales sin discriminación por sexo. En la DUDDHH el ar.1 atribuye la titularidad de los derechos a todos los humanos, eliminando el masculino "hombres", propio del constitucionalismo decimonónico y en el art.2 se reconoce la titularidad de tales derechos sin distinción de sexo, por lo que se prohíbe la discriminación de la mujer. En su art.16 se reconoce la igualdad de derechos en el matrimonio y en su art.23 reconoce el derecho a igual salario por igual trabajo, sin discriminación alguna.
En el PIDCP y en el PCDESC también se contempla la prohibición de discriminación por razón de sexo (art.2) y la igualdad en el goce de los derechos que contemplan (art.3).
En el proceso de especificación de los DDHH, destaca la convención sobre Derechos Políticos de la Mujer de 29 de noviembre de 1952, en la que para nuestro oprobio y vergüenza, España todavía no ha retirado las reservas que formuló en su día, por ejemplo sobre la condición de "cabeza de familia". También destaca la Convención sobre la nacionalidad de la mujer casada de 29 de enero de 1957.
Sin embargo, no sería hasta la Resolución de la AG de la ONU nº 2236 (XX(() de 7 de noviembre de 1967 en que se aprueba - sin carácter vinculante- la Declaración sobre la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, que allanó el camino para la trascendental Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación  contra la mujer de 18 de diciembre de 1979
Para cerrar el Siglo, no puede olvidarse la cuarta Conferencia mundial sobre la Mujer, celebrada en Pekín en 1995, de donde salió la Plataforma de Acción de Pekín, que llevó a la adopción de un Protocolo facultativo en 1999, que permite el control cuasi-jurisdiccional de los derechos de la mujer declarados en la Convención .
En el ámbito de la mujer trabajadora la obra de la OIT ha sido fundamental. Ya desde su constitución dicha organización se hace eco de la necesidad de proteger a las mujeres, reconociendo el principio de igual salario por trabajos de igual valor. En la Declaración de Filadelfia de 1944 se cita la igualdad de sexos y la protección de la maternidad. Puede sostenerse, por tanto, que desde su constitución, la OIT ha luchado por la no discriminación y la promoción de la igualdad en el ámbito laboral,  como principios fundamentales de la institución. Más modernamente, la Declaración de 1998 reconoce como un principio fundamental de la OIT, vinculante para cualquier miembro,  con independencia de la ratificación de los Convenios, el de la eliminación de la discriminación en materia de empleo y ocupación.
Por lo demás, existen numerosos Convenios y Recomendaciones garantes de los derechos de las mujeres. Sin ánimo exhaustivo: el Convenio nº 100 de 1951 sobre igualdad de remuneración; el Convenio nº 111 de 1958 sobre discriminación en materia de empleo y ocupación; el Convenio nº 103 de 1952 sobre protección de la maternidad, revisado y ampliado por el Convenio nº 183 de 2000 y complementado por la Recomendación nº 191. En materia de conciliación debe significarse el Convenio nº 1576 de 1981 sobre los trabajadores con responsabilidades familiares. Subsisten algunos restos de paternalismo, por ejemplo, en el Convenio nº 89 de 1948 sobre el trabajo nocturno de mujeres empleadas en la industria (que lo prohíbe), aunque dicho convenio ha sido revisado por un protocolo de 1990 y superado por el Convenio nº 171 de 1990 sobre trabajo nocturno y la Recomendación 178, que establecen límites para ambos sexos.

Sin embargo, aún hoy en día, las mujeres son objeto de trata, maltrato, violencia,  esclavitud y discriminación en muchos lugares del mundo y en los países autodenominados desarrollados siguen sufriendo discriminación en sus retribuciones (brecha salarial), en su promoción profesional (techos de cristal), y en su acceso al mercado laboral en igualdad de condiciones que los varones. 

Su lucha no puede seguir siendo sólo  suya, debe ser la de tod@s; o será una lucha perdida.



[1] FIRESTONE, S. "La dialéctica del sexo. En defensa de la revolución feminista". Trad. R. Ribe . Trad. R.Ribé, Q. Kairós Barcelona 1976. Citada por  RODRÍGUEZ PALOP, Mª E y  AAVV. "La lucha por los derechos de las mujeres en el S XIX. Escenarios, teorías, movimientos y acciones relevantes en el ámbito angloamericano"; en PECES-BARBA MARTÍNEZ, G  y AAVV "Historia de los Derechos Fundamentales". Tomo III. Siglo XIX. Ed. Dykinson 2007. p.1157
[2] VEBLEN T. "Teoría de la Clase ociosa". Ed. Alianza editorial.2008.
[3] ALZUGARAY Y GARCÍA DE MURVIEDO, J. "Evolución de la mujer en la vida política y social";  en "Derechos que no tiene la mujer". Publicaciones de la real Sociedad Económica Matritense de amigos del País. Asociación española de mujeres juristas. Ed. Reus SA p.7-29
[4] CHAMOCHO CANTUDO, M.A; RAMOS VÁZQUEZ, I. "Introducción jurídica a la historia de las relaciones de trabajo". Ed. Dykinson 2013
[5] Vid. Epígrafe IV.2
[6] ARISTÓTELES. "Política"  Libro I. Capítulo V "Del Poder doméstico". Ed. Folio 2001. Trad. Pedro Simón.
[7] ARISTÓTELES. "Política" Libro I Capítulo I.  "Qué cosa es familia y qué aldea". Ed. Folio 2001. Trad. Pedro Simón.
[8] CHAMOCHO CANTUDO, M.A; RAMOS VÁZQUEZ, I. "Introducción jurídica a la historia de las relaciones de trabajo". Ed. Dykinson 2013. p.58
[9] "Ley 3: Ninguna mujer, aunque sea sabedora no puede ser abogada en juicio por otro; y esto por dos razones; la primera porque no es conveniente ni honesta cosa que la mujer tome oficio de varón estando públicamente envuelta con los hombres para razonar por otro..."
[10] CHAMOCHO CANTUDO, M.A; RAMOS VÁZQUEZ, I. "Introducción jurídica a la historia de las relaciones de trabajo". Ed. Dykinson 2013. p.60
[11] CHAMOCHO CANTUDO, M.A; RAMOS VÁZQUEZ, I. "Introducción jurídica a la historia de las relaciones de trabajo". Ed. Dykinson 2013. p.72-73
[12] LOUSADA AROCHENA, J.F. " El derecho fundamental a la igualdad efectiva de mujeres y hombres". Ed. Tirant lo Blanch .p.27 y ss
[13] CABRÉ I PAIRET, M; RUBIO HERRÁEZ, E. "Marie de Gournay. Escritos sobre la igualdad y en defensa de las mujeres". Ed. CSIC. 2014
[14]  Capítulo XI. "Las mujeres a quienes sólo el matrimonio conduce á los placeres y á la libertad, que tienen un alma que no se atreve á pensar, un corazón que no se atreve á sentir, ojos que no osan ver, oídos que no osan oír; que no se presentan sino para parecer estúpidas; que están siempre condenadas á bagatelas y á preceptos, son de suyo bastante inclinadas al matrimonio: los que necesitan de estímulo son los mozos solteros"
[15] Ejemplos: "El deber de las mujeres no es dudoso, pero se discute si es igual para los niños que los críe una u otra mujer." " Cuando la familia es viva y animada las tareas domésticas son la ocupación más querida para la mujer y más suave el desahogo del marido ", y un ominoso etcétera
[16] CHAMOCHO CANTUDO, M.A; RAMOS VÁZQUEZ, I. "Introducción jurídica a la historia de las relaciones de trabajo". Ed. Dykinson 2013. p.103
[17] Puede consultarse una selección de textos de dicha obra en: http://jzb.com.es/resources/vindicacion_derechos_mujer_1792.pdf
[18] "Toda sociedad en la cual la garantía de los derechos no está asegurado ni la separación de poderes establecida no tiene Constitución."
[19] RODRÍGUEZ PALOP, Mª E y  AAVV. "La lucha por los derechos de las mujeres en el S XIX. Escenarios, teorías, movimientos y acciones relevantes en el ámbito angloamericano"; en PECES-BARBA MARTÍNEZ, G  y AAVV "Historia de los Derechos Fundamentales". Tomo III. Siglo XIX. Ed. Dykinson 2007. p.1163 y ss
[20] La Declaración completa puede consultarse en: www.unifemandina.org/unifem/01_09/pandora.htm
[21] Fragmento del discurso. "Ese hombre de allí dice que las mujeres necesitan ayuda al subirse a los carruajes, al cruzar las zanjas y que deben tener el mejor sitio en todas partes. ¡Pero a mí nadie me ayuda con los carruajes, ni a pasar sobre los charcos, ni me dejan un sitio mejor! ¿Y acaso no soy yo una mujer? ¡Miradme! ¡Mirad mi brazo! He arado y plantado y cosechado, y ningún hombre podía superarme. ¿Y acaso no soy yo una mujer? (...) He tenido trece hijos, y los vi vender a casi todos como esclavos, y cuando lloraba con el dolor de una madre, ¡nadie, sino Jesús me escuchaba! ¿Y acaso no soy yo una mujer?".
Puede consultarse en: http://sandrarodriguezburgos.blogspot.com.es/2012/07/acaso-no-soy-una-mujer-por-sojourner.html
[22] LOUSADA AROCHENA, J.F. " El derecho fundamental a la igualdad efectiva de mujeres y hombres". Ed. Tirant lo Blanch .p. 35
[23] RODRÍGUEZ PALOP, Mª E y  AAVV. "La lucha por los derechos de las mujeres en el S XIX. Escenarios, teorías, movimientos y acciones relevantes en el ámbito angloamericano"; en PECES-BARBA MARTÍNEZ, G  y AAVV "Historia de los Derechos Fundamentales". Tomo III. Siglo XIX. Ed. Dykinson 2007. p.1175.
[24] GONZÁLEZ MUÑIZ, M.A "Historia social del Trabajo". Ed. Júcar 1989. p. 271
[25] RODRÍGUEZ PALOP, Mª E y  AAVV. "La lucha por los derechos de las mujeres en el S XIX. Escenarios, teorías, movimientos y acciones relevantes en el ámbito angloamericano"; en PECES-BARBA MARTÍNEZ, G  y AAVV "Historia de los Derechos Fundamentales". Tomo III. Siglo XIX. Ed. Dykinson 2007 . p.1177-1181
[26] LOUSADA AROCHENA, J.F. " El derecho fundamental a la igualdad efectiva de mujeres y hombres". Ed. Tirant lo Blanch .p.39 .
[27] TRINIDAD NÚÑEZ, P. "La protección internacional de los grupos vulnerables y desfavorecidos"; en PECES-BARBA MARTÍNEZ, G. "Historia de los derechos fundamentales". Tomo IV. Siglo XX. Volumen III, Libro II. p.1243-1258.
MAYORDOMO RODRIGO, V. "Régimen jurídico internacional de la lucha contra la discriminación de la mujer"; en FERNÁNDEZ DE CASADEVANTE ROMANÍ, C. "Derecho Internacional de los Derechos Humanos". Ed. Dilex 4ª edición. p.421-450